Si Salinger consiguió retratar la mentalidad de un adolescente estadounidense, Vasconcelos consigue con admirable empatía sobrecoger al lector con la dulce narración en primera persona de Zezé, el peculiar protagonista de cinco años que vive en los suburbios de Río. Uno llega a tenerles tanto cariño a los personajes que pasan por la trama que es inevitable que no se derramen algunas lágrimas con más de una de las difíciles experiencias que acontecen esta obra, plagada de ternura y desabrimiento a la par. Es el trágico relato de un pequeño gran filósofo que inventa para sí mismo un mundo propio de fantasía en el que su gran confidente es su planta de naranja-lima. Un niño que aprende todo solo y descubre la ternura con personajes como "el portuga", así como el dolor y el anhelo que nos hacen endurecer hasta convertirnos en adultos.